Città Nuova

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Detrás de los problemas financieros mundiales, hay que redefinir la democracia y el capitalismo.

por Luigino Bruni

publicado en Città Nuova n. 18/2011 el 25/9/2011

Giochi_in_borsa_ridDetrás de las crisis a veces se esconden cosas importantes, muchas de ellas invisibles a los ojos de quienes no saben ver más allá de las apariencias. Esta crisis económica, política y social esconde retos de gran relevancia para el futuro de Italia, de Europa y del capitalismo. 

Lo que está en juego, por debajo de los altibajos de las bolsas, es, antes que nada, el significado y el papel de la democracia en la era de la globalización. Esta crisis es, en efecto, es el primer infarto de la era de la globalización. Los mercados llevan un par de décadas razonando y moviéndose a escala mundial, con una geografía y unos tiempos diferentes a los de la democracia y la política.

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El escenario de la nueva economía financiera es el planeta y sus tiempos se miden en nanosegundos, mientras que el horizonte de la democracia son los estados-nación y sus tiempos son los de la política y la burocracia. La lógica de los gobiernos estatales sigue dependiendo de los partidos que compiten entre ellos con el fin de obtener el consenso a través del voto.

Esta crisis suscita una fuerte demanda de cambios, no sólo en la economía y las finanzas, sino también en la forma de ejercer la democracia, que debería actualizarse, entre otras cosas, para que los gobiernos de los países se emancipen de la intimidación de los distintos lobbies y estén en condiciones de tomar decisiones por el bien común, incluso más allá del consenso electoral inmediato.

Así pues, este desafío esconde la urgente necesidad de una nueva política y de una nueva etapa de la democracia que estén a la altura de los tiempos. Una nueva etapa que todavía no se ve aparecer, pero que probablemente traerá nuevas formas de democracia directa en los territorios (de los últimos referendums también deberíamos aprender algo) y una fuerte presencia de los nuevos instrumentos que ofrece la Red, que podrían garantizar tiempos más rápidos, nuevas formas de agregación política y sobre todo un nuevo protagonismo de los jóvenes y de sus lenguajes. La primavera árabe nos ha enseñado cosas muy importantes, como la complementariedad virtuosa entre la web y la plaza pública, entre las redes virtuales y las redes de compromiso político, entre el grito lanzado en un blog y el de un joven que muere en la calle. La democracia que salga de estas crisis deberá basarse en una fuerte complementariedad entre instrumentos tradicionales y nuevos de participación, con un papel decisivo de la Red.

El segundo desafío, profundamente relacionado con el primero, se refiere a la gran cuestión del sistema económico capitalista. La economía de mercado ha sido un extraordinario invento del humanismo civil y cristiano, que ha dado resultados increíbles para la calidad de vida de millones de personas, para los derechos humanos y para la democracia. En las últimas décadas esa economía centrada en los mercados reales (intercambios de bienes y servicios) y en las personas (empresarios, trabajadores, banqueros) ha sido progresivamente superada por las finanzas especulativas, ávidas e impersonales. Este capitalismo ultrafinanciero es demasiado frágil y voraz y ya no es capaz de cumplir las promesas de desarrollo y libertad que estaban en la base de la primera etapa de la economía de mercado.

Debajo de esta crisis se esconde la necesidad de relanzar un fuerte debate a todos los niveles, para hacer realidad una nueva etapa post-capitalista de la economía de mercado. No puedo dejar de ver en la Economía de Comunión, en red con muchas otras experiencias de economía solidaria y civil, una pequeña semilla de esta “novedad” que nacerá de estos dolores de parto. Pero esa novedad necesita sobre todo de “ciudadanos nuevos”. Esta etapa de la economía que estamos viviendo cada vez depende menos de las grandes decisiones de los gobiernos y más de las pequeñas decisiones de millones de ciudadanos. Si estos ciudadanos o al menos una minoría profética de ellos, son capaces de llevar un estilo de vida sobrio, de “votar con la cartera” premiando a las empresas civilmente innovadoras y responsables, de protestar juntos y con fuerza para pedir cambios a las instituciones y a las empresas, de no esperar a que sean otros quienes tomen las decisiones importantes, entonces esta crisis podrá ser la aurora de una era mejor que la que ahora está llegando a su ocaso.

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Bolsas y mercados: urgen ideas positivas

Bolsas y mercados: urgen ideas positivas

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¿Cuál es el peligro de medirlo todo con métodos racionales? ¿Los números son objetivos? ¿Qué relación existe entre economía y política y entre economistas y políticos? Entrevistamos al economista Luigino Bruni

Por Chiara Andreola

publicado en: Cittanuova.it el 8/09/2011

Numeri_coloratiLa otra noche en televisión un importante director de una sociedad de estudios argumentaba en relación con las medidas económicas del gobierno, con la gran serenidad y sencillez que le daba el hecho de estar trabajando con números: “Esto es lo que hay que ingresar, así que, teniendo en cuenta que las matemáticas no son opinables, basta organizar las cosas de forma que se obtenga esa cifra. Elemental, querido Watson”.

Pero las cosas son un poco más complicadas, porque ni la política ni la economía son solo números. Hablamos de todo ello con Luigino Bruni, economista y profesor de la Universidad Bicocca de Milán.

Si la economía no son sólo números ¿dónde termina la economía y dónde empieza la política?

«Desde sus comienzos, en el siglo XVIII, a la ciencia económica se la llamó “economía política”, para distinguirla de la economía doméstica.

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La economía moderna nace con un vínculo muy estrecho con la política, como su instrumento privilegiado, ya que si no hubiera alguien que dijera cómo mejorar las condiciones materiales de la vida, el bien común y la felicidad pública (objetivos típicos de la política) serían algo abstracto y vago.

«Hoy no toda la economía tiene relación directa con la política, ya que muchos economistas se dedican a estudiar las empresas, las decisiones de compra y de ahorro, los bancos, las finanzas, etc., pero una rama importante (la economía “macro” o pública) sigue manteniendo una estrecha relación con la economía (entre paréntesis: la tradición italiana siempre se ha caracterizado por esa estrecha relación entre economía y decisiones públicas).

«El economista “político” debería facilitar argumentos, números y datos al político, para que éste pueda decidir en base a un cálculo racional de “coste-beneficio”. Así pues, los números son importantes por varios motivos. En primer lugar, porque sin asignar números a los costes e ingresos derivados de opciones alternativas, no se puede disponer de criterios racionales para decidir si es preferible construir el puente sobre el estrecho de Messina o potenciar la red de autopistas del Sur.

«Es evidente, por otra parte, que una buena democracia y unos buenos políticos saben que el elemento económico es coesencial junto con otros (éticos, sociales…). Además, en las últimas décadas, los economistas ya no asignan números solamente a los típicos costes y beneficios “económicos” (ingresos, impuestos, gastos…), sino también a otros bienes que no son de mercado pero sí son susceptibles de valoración económica, como el medio ambiente y las relaciones sociales.

«Pongamos un ejemplo: ¿cómo decide un político cuándo y cuánto aumentar los impuestos para construir un nuevo parque en la ciudad? Una base importante es la opinión de parte de la población con respecto al nuevo parque. Para poder estimar esas preferencias medioambientales se usa el método de la “disponibilidad a pagar”, medida en base a cuestionarios. Es cierto que esos cuestionarios no miden el “valor intrínseco” del aire limpio, pero añaden elementos a una decisión que siempre es compleja y multidimensional.

«Ahora bien ¿cuál es el peligro de “medirlo” todo mediante números (y en términos monetarios)? Que el político, ante la sencillez e inteligibilidad universal del canon numérico y monetario, olvide las otras dimensiones coesenciales de la decisión y tome los datos económicos como los únicos relevantes para decidir. Eso es lo que ocurre cuando se usan las frías y objetivas cifras para justificar que una medida es inevitable. Los números y los valores monetarios no dicen nada en términos de equidad y justicia, dimensiones que muy a menudo son más importantes para el bien común. Este es un error grave, casi más grave que hacer mal las cuentas y asignar números equivocados a los distintos elementos en juego; un error muy común en economía.

«El error más común es equivocarse en la tasa de descuento de flujos que duran en el tiempo ¿Qué significa esto? Imaginemos que tenemos que decidir si construimos una instalación de energía eólica o seguimos quemando petróleo para suministrar energía a una ciudad. El economista construye un plan de costes e ingresos de ambas alternativas, pero ¿cómo se calculan los costes futuros del petróleo dentro de 10 o 20 años? El economista indio  A. Sen sostiene que cuando tratemos de estimar flujos que tendrán efectos sobre las generaciones futuras, deberíamos utilizar una tasa de descuento negativa, es decir asignar más peso al futuro que al presente (lo contrario de lo que se hace habitualmente).

«Es evidente que la decisión de una tasa de descuento más o menos elevada, puede conducir a preferir una opción en lugar de otra; los números que se nos presentan como dato científico, en definitiva no son tan objetivos. Por no hablar de las cifras del PIB o de las estimaciones de ingresos procedentes de la lucha contra la evasión fiscal, donde el margen de error y de discrecionalidad son muy altos».

Muchas veces se habla de la necesidad de contar con la presencia de técnicos en el gobierno y otras veces se arremete contra los tecnócratas del BCE y se dice que la “ciencia” por sí sola no puede impulsar un país. ¿Cómo deben ser las relaciones entre los “técnicos” (por ejemplo los economistas) y los políticos? ¿Cómo colaborar?

«Aquí se abre un gran tema que tiene relación con la democracia en la era de la globalización y en particular con los burócratas europeos. Desde el punto de vista ético, antes que económico, tengo fuertes dudas sobre los costes de la burocracia europea. Hemos creado estructuras europeas que imitan a las de los estados nacionales, hipertróficas en términos burocráticos. Personalmente estoy convencido de que si redujéramos a la mitad el número de funcionarios y empleados europeos, la eficiencia de la Unión no saldría perdiendo sino ganando, de alguna forma como ocurre en Italia y en otros estados-nación.

«El técnico, no elegido por los ciudadanos, que, con números en la mano, impone normas a los países es un tema que, para abordarlo seriamente, requeriría una política más madura y europea. Los políticos nacionales en Europa toman las directivas del BCE (o de las bolsas) como guía de sus actos, no sólo por miedo a las sanciones, sino porque en un mundo en continua evolución, en el que todavía no se han desarrollado nuevas claves de lectura política y ética de la globalización, se siguen las líneas económicas porque son las únicas que hay o al menos las únicas comprensibles para ellos (y para el público).

«El gran economista Keynes decía en 1936 que los políticos " que se creen libres de toda influencia intelectual, con frecuencia son esclavos de algún economista difunto. Locos en el poder, que oyen voces en el aire y destilan su frenesí a partir de algún escribano académico de pocos años atrás".

«El político, cuando debe interpretar el mundo, tiene en la mente los instrumentos que ha aprendido en la universidad, que normalmente están varias décadas más atrasados que las dinámicas actuales. Así pues, hace falta más diálogo entre los políticos y los técnicos y entre los políticos y la gente. Y también más estudio, es decir seguir actualizando los conocimientos toda la vida. Nos va en ello la democracia en esta compleja y rápida era que estamos viviendo».

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Por Chiara Andreola

publicado en: Cittanuova.it el 8/09/2011

Numeri_coloratiLa otra noche en televisión un importante director de una sociedad de estudios argumentaba en relación con las medidas económicas del gobierno, con la gran serenidad y sencillez que le daba el hecho de estar trabajando con números: “Esto es lo que hay que ingresar, así que, teniendo en cuenta que las matemáticas no son opinables, basta organizar las cosas de forma que se obtenga esa cifra. Elemental, querido Watson”.

Pero las cosas son un poco más complicadas, porque ni la política ni la economía son solo números. Hablamos de todo ello con Luigino Bruni, economista y profesor de la Universidad Bicocca de Milán.

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Los números al poder

Los números al poder

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La democracia y el capitalismo ultra-financiero vuelven al candelero por la gran agitación global de estos últimos meses. Hace falta un nuevo tipo de ciudadano. Responsable y activo.

por Luigino Bruni

publicado en Cittanuova.it el 07/09/2011

Quotazioni_borsaLa crisis de estos tiempos esconde tras de sí algunas cosas importantes, tal vez demasiado importantes para que se hable de ellas en los grandes medios de comunicación. En primer lugar está en juego el significado y el papel de la democracia en la era de la globalización. Esta crisis, en efecto, es la primera gran crisis de la economía y de las finanzas en la era de la globalización. Los mercados llevan un par de décadas razonando y moviéndose a escala mundial y a gran velocidad. El escenario de la nueva economía financiera es el mundo, mientras que el horizonte de la política y de la democracia sigue siendo todavía el estado-nación (esta es, entre otras, una de las causas de la fragilidad de Europa). La lógica de los gobiernos estatales es aún la de la pre-globalización, donde los partidos compiten para obtener el consenso a través del voto.

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Para hacer frente a esta crisis, necesitaríamos, por una parte, unas respuestas políticas globales y rápidas de las que carecemos, y por la otra, que los gobiernos de cada país no se preocuparan tanto por la reelección como por actuar con valentía por el bien común, más allá del consenso inmediato. Pero con los actuales mecanismos de la política estas opciones tienen un coste muy alto y tanto en Grecia como en Italia, los gobiernos están empantanados por los vetos que se cruzan tanto en su seno como en los distintos componentes de la sociedad civil que defienden intereses contrapuestos. Las medidas no resultan eficaces porque para no perjudicar a nadie el peligro es perjudicar a todos. Lo contrario del bien común es el mal común. Este reto esconde la urgente necesidad de una nueva política y de una nueva época en la que la democracia esté a la altura de la globalización, algo que todavía ni asoma por el horizonte.
 
Tenemos además la gran cuestión del sistema económico capitalista. La economía de mercado fue una extraordinaria invención del humanismo civil y cristiano, que ha producido resultados inauditos para la calidad de vida de millones de personas, para los derechos humanos y para la democracia. En las últimas décadas, la economía centrada en los mercados reales (intercambio de bienes y servicios) y en las personas (empresarios, trabajadores, banqueros) se ha visto sobrepasada por las finanzas especulativas, virtuales e impersonales. Por cada transacción real (dinero por bienes) hoy se realizan decenas de operaciones financieras. Este capitalismo ultra-financiero es demasiado frágil y peligroso y ya no es capaz de mantener las promesas de desarrollo y de libertad que estaban en la base de la primera etapa de la economía de mercado. Así pues hace falta una nueva síntesis y nuevas instituciones, pero también – y aquí está el reto – nuevos ciudadanos. Todo esto también está detrás de las crisis de estos días. Si sabemos interpretar las señales que nos llegan de la historia podremos salir de estos tiempos difíciles siendo mejores, pero cada uno debe hacer con responsabilidad y seriedad su indispensable parte.

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La democracia y el capitalismo ultra-financiero vuelven al candelero por la gran agitación global de estos últimos meses. Hace falta un nuevo tipo de ciudadano. Responsable y activo.

por Luigino Bruni

publicado en Cittanuova.it el 07/09/2011

Quotazioni_borsaLa crisis de estos tiempos esconde tras de sí algunas cosas importantes, tal vez demasiado importantes para que se hable de ellas en los grandes medios de comunicación. En primer lugar está en juego el significado y el papel de la democracia en la era de la globalización. Esta crisis, en efecto, es la primera gran crisis de la economía y de las finanzas en la era de la globalización. Los mercados llevan un par de décadas razonando y moviéndose a escala mundial y a gran velocidad. El escenario de la nueva economía financiera es el mundo, mientras que el horizonte de la política y de la democracia sigue siendo todavía el estado-nación (esta es, entre otras, una de las causas de la fragilidad de Europa). La lógica de los gobiernos estatales es aún la de la pre-globalización, donde los partidos compiten para obtener el consenso a través del voto.

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¿Qué hay detrás de la crisis?

¿Qué hay detrás de la crisis?

La democracia y el capitalismo ultra-financiero vuelven al candelero por la gran agitación global de estos últimos meses. Hace falta un nuevo tipo de ciudadano. Responsable y activo. por Luigino Bruni publicado en Cittanuova.it el 07/09/2011 La crisis de estos tiempos esconde tras de sí algunas cosa...
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¿Qué es lo que desean de verdad los parados que protestan en Inglaterra, los estudiantes que se manifiestan en Chile y los jóvenes protagonistas de la “primavera” de Oriente Medio? Merece la pena hacer un esfuerzo por comprender lo que hay detrás de estas protestas.

por Luigino Bruni

publicado en cittànuova.it el 12/08/2011

Disordini_LondraA muchos nos ha impresionado y preocupado la visión en estos días de las plazas de Oriente Medio donde los jóvenes se han echado a la calle, dando la vida para pedir democracia y libertad, así como la de las plazas inglesas, donde los jóvenes rompían los escaparates para robar móviles y televisores de plasma, señales evidentes de que en Occidente serpentea un malestar profundo y serio.

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Pero la historia del siglo XX nos enseña que cuando los jóvenes se echan a la calle, sobre todo si lo hacen a miles, siempre hay que prestar mucha atención, incluso aunque lo hagan mal, destrozando y gritando, ya que detrás de una mala o incluso pésima respuesta puede haber preguntas importantes; como cuando un hijo adolescente grita y la emprende a puñetazos con los muebles de la casa, un padre inteligente sabe que detrás de ese lenguaje equivocado se esconden muchas veces cosas muy serias. Eso no quiere decir que los jóvenes siempre tengan razón, sino solamente que hay que entender lo que está ocurriendo en Inglaterra o también en Chile (donde los jóvenes piden una universidad que no sea solo para ricos) o, aunque a mayor distancia, en Oriente Medio.

Lo que está en juego es la gran “cuestión juvenil” mundial, muy evidente en el Occidente opulento, que por supuesto tiene que ver con la crisis y con los recortes, pero que es mucho más profunda, ya que remite a la injusta sociedad de mercado que estamos construyendo, sobre todo en los últimos años con el capitalismo turbo-financiero. Lo ha dicho con bastante claridad en varias entrevistas en sociólogo inglés Anthony Giddens, el teórico de la “tercera vía”, al recordarnos que detrás de estas destrucciones de los jóvenes ingleses hay también una reacción de quienes se sienten excluídos de los grandes lujos y consumos que aumentan descaradamente para el 5% más rico de la población.
 
En el mundo siempre ha habido ricos y pobres, pero hasta hace pocos años la cultura social y las religiones construían lazos sociales que funcionaban incluso aunque existiera cierta desigualdad. Las clases sociales estaban alejadas y no había una comunicación tan estrecha entre ellas, por lo que la envidia y la frustración podían gestionarse, al menos en los momentos normales. Hoy en cambio, la creciente desigualdad (recordemos que Inglaterra es uno de los países con una tasa más alta de desigualdad) no puede gestionarse con facilidad, porque mientras los medios de comunicación construyen aldeas globales y los estilos de vida y las aspiraciones son cada vez más uniformes, el poder de compra y las oportunidades son muy distintos.
 
Sobre todo, los jóvenes perciben, aunque sólo sea por las enormes deudas públicas que cargamos sobre sus espaldas y por el gran paro juvenil, que la movilidad social está disminuyendo y que su futuro puede que sea peor que el de sus padres. El peligro es que este malestar se haga global y difícilmente gobernable, salvo que demos vida inmediatamente a nuevos pactos entre generaciones, a un sistema económico más igualitario y fraterno, a “medida de los jóvenes”, que no son el futuro (como muchas veces se dice en tono paternalista) sino una forma distinta de vivir e interpretar el presente.
 
Si hubiéramos escuchado, además de las malas respuestas, las protestas y peticiones de los jóvenes en 2001 (en julio de 2001 en Génova), que pedían una globalización solidaria y el control de la especulación financiera (la “Tobin Tax”), tal vez hoy no conoceríamos esta crisis generada en buena parte por una década de distracción de los temas que os jóvenes habían identificado y gritado con fuerza.
 
Escuchemos a los jóvenes, escuchémosles siempre y hagamos que se sientan protagonistas de las decisiones de hoy y no sólo de las inciertas y vagas del mañana.

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por Luigino Bruni

publicado en cittànuova.it el 12/08/2011

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Siempre hay que escuchar a los jóvenes

Siempre hay que escuchar a los jóvenes

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La estructura tradicional de las sociedades occidentales hasta hace pocas décadas se basaba en una regla de reciprocidad: los adultos asistían a los padres y cuando envejecían, eran cuidados por sus hijos.

por Luigino Bruni

publicado en Citta Nuova N.15  el 10/08/2011   

AnzianiSe está consumando una gran injusticia de masa en relación con los ancianos. La estructura tradicional de las sociedades occidentales hasta hace pocas décadas se basaba en una regla de reciprocidad: los adultos asistían a los padres y cuando envejecían, eran cuidados por sus hijos (que a su vez habían sido cuidados por los padres durante su infancia y juventud). El balance entre “dar” y “recibir” cuidados se cerraba en equilibrio. Todo ello tenía además su representación política y social en el sistema de pensiones, donde la pensión que recibía un anciano no era lo que había ahorrado de joven, sino una especie de restitución agradecida de los jóvenes hacia ellos.

Hoy asistimos a un hecho inédito. Existe una generación que terminará su vida con un fuerte “crédito” de cuidados, pues después de haber cuidado a los padres, no recibe ni recibirá cuidados por parte de los hijos o, en todo caso, recibirá muchos menos por término medio.

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Tampoco puede esperar recibirlos del Estado, ya que el estado social que estamos construyendo es una reproducción fotográfica de esta nueva cultura. Es de desear que dentro de algunas décadas las sociedades encuentren un nuevo pacto social y un nuevo equilibrio, pero hoy asistimos inertes al hecho de que una generación que da dado sus mejores años para cuidar a los hijos y a los ancianos morirá sola.

La sensación de injusticia es aún mayor si pensamos que dentro de esta generación las más penalizadas son las mujeres, pues en décadas pasadas ellas tenían el monopolio del socorro en la fragilidad, sacrificando muchas veces su carrera profesional y su educación.

¿Qué podemos hacer? Por una parte la sociedad civil con sus “carismas” tiene hoy una gran responsabilidad para hacer que los últimos años de vida sean sostenibles y felices, con más innovación y creatividad. Por otra parte, los hijos adultos de hoy no deberíamos olvidar demasiado pronto el cuidado que hemos recibido (y el que hemos visto dar a nuestros abuelos) y deberíamos buscar soluciones más justas y con un mayor reconocimiento de la dificultad que entraña gestionar la edad otoñal de nuestros padres y mañana de nosotros mismos.

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La estructura tradicional de las sociedades occidentales hasta hace pocas décadas se basaba en una regla de reciprocidad: los adultos asistían a los padres y cuando envejecían, eran cuidados por sus hijos.

por Luigino Bruni

publicado en Citta Nuova N.15  el 10/08/2011   

AnzianiSe está consumando una gran injusticia de masa en relación con los ancianos. La estructura tradicional de las sociedades occidentales hasta hace pocas décadas se basaba en una regla de reciprocidad: los adultos asistían a los padres y cuando envejecían, eran cuidados por sus hijos (que a su vez habían sido cuidados por los padres durante su infancia y juventud). El balance entre “dar” y “recibir” cuidados se cerraba en equilibrio. Todo ello tenía además su representación política y social en el sistema de pensiones, donde la pensión que recibía un anciano no era lo que había ahorrado de joven, sino una especie de restitución agradecida de los jóvenes hacia ellos.

Hoy asistimos a un hecho inédito. Existe una generación que terminará su vida con un fuerte “crédito” de cuidados, pues después de haber cuidado a los padres, no recibe ni recibirá cuidados por parte de los hijos o, en todo caso, recibirá muchos menos por término medio.

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Remediar la injusticia

Remediar la injusticia

La estructura tradicional de las sociedades occidentales hasta hace pocas décadas se basaba en una regla de reciprocidad: los adultos asistían a los padres y cuando envejecían, eran cuidados por sus hijos. por Luigino Bruni publicado en Citta Nuova N.15  el 10/08/2011    Se está ...
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En estos últimos años, de vez en cuando vuelve a la palestra el debate sobre los límites del mercado.

por Luigino Bruni

publicado en Citta Nuova N.13-14 del 10/07/2011

Mercato_organiEn los últimos años, cada poco vuelve a salir a la palestra el debate sobre los límites del mercado. Volvemos a preguntarnos si es justo, oportuno y posible crear mercados oficiales y transparentes para el tráfico de órganos, legalizar la maternidad de alquiler, legalizar la prostitución, etc. Estos temas son causa de rechazo e indignación para muchos. Pero para otros, como para algunos estados de Norteamérica, la creación de estos nuevos mercados sería o bien fruto de la evolución de nuestros valores y costumbres o bien la consecuencia de sacar a la luz unos mercados que ya existen de forma ilegal.

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Los promotores de estos nuevos mercados sostienen que, puesto que existe de hecho una demanda de órganos, niños, etc. si los estados y el sistema legal no se organizan para gestionarlos con reglas y garantías, lo que se produce inevitablemente es la explotación de los más pobres. Al encontrarse en condiciones extremas, éstos venden órganos y niños en condiciones mucho más desfavorables que las que obtendrían en un mercado regulado. En otras palabras, ante condiciones de vida y circunstancias trágicas, si existiera un hipotético mercado legal para la maternidad de alquiler, una familia que no consiga alimentar ni educar dignamente a sus cinco hijos, podría engendrar un niño para otra familia, efectuando esta transacción con normas y garantías públicas, y destinar la cantidad recibida a alimentar y dar estudios a los 5 hijos restantes.

Pero la solución se encuentra en otro plano. Ante el hecho de que muchas personas y familias en el mundo tienen que enfrentarse a decisiones trágicas, no debemos caer en la tentación de recurrir a la opción más fácil, aunque se nos presente con un aspecto casi humanitario (comerciar con el cuerpo humano y con las personas). Estas trágicas situaciones deben impulsar a los individuos, a la sociedad civil y a los gobiernos a resolver las situaciones gravemente injustas que llevan a las personas a tomar tales decisiones. Como personas y como instituciones, no debemos quedarnos tranquilos mientras haya una mujer en el mundo que para alimentar a sus hijos tenga que vender a uno de ellos o mientras haya un hombre obligado a vender un riñón para poder comer él o su familia. No veo otra solución.

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En estos últimos años, de vez en cuando vuelve a la palestra el debate sobre los límites del mercado.

por Luigino Bruni

publicado en Citta Nuova N.13-14 del 10/07/2011

Mercato_organiEn los últimos años, cada poco vuelve a salir a la palestra el debate sobre los límites del mercado. Volvemos a preguntarnos si es justo, oportuno y posible crear mercados oficiales y transparentes para el tráfico de órganos, legalizar la maternidad de alquiler, legalizar la prostitución, etc. Estos temas son causa de rechazo e indignación para muchos. Pero para otros, como para algunos estados de Norteamérica, la creación de estos nuevos mercados sería o bien fruto de la evolución de nuestros valores y costumbres o bien la consecuencia de sacar a la luz unos mercados que ya existen de forma ilegal.

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Nuevos mercados que nacen ya viejos

Nuevos mercados que nacen ya viejos

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Uno de los grandes pilares de la economía de mercado, en particular del mercado de trabajo, es la idea de que la empresa no compra personas sino horas de trabajo.

por Luigino Bruni

publicado en Città Nuova n.10/2011 del 25/05/2011

Giovane_che_riflette

Uno de los grandes pilares de la economía de mercado, en particular del mercado de trabajo, es la idea de que la empresa no compra personas sino horas de trabajo. Por eso el “mercado” de trabajo siempre se ha considerado especial. Por una parte, el trabajo no es una mercancía pero, por otra, la prestación de trabajo está sujeta a la ley de la oferta y la demanda. De ahí la importancia que se le ha atribuido en todos los países a la mediación social (sindicatos) y política en este mercado.

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En los últimos tiempos, sin embargo, estamos asistiendo a un importante cambio. En realidad las empresas no compran sólo horas de trabajo sino que intentan comprar (y muchas veces lo consiguen) a la persona entera, sobre todo a los jóvenes, con argumentos del siguiente tipo: «Te pago mucho, te prometo una carrera brillante, pero sin horarios, sin limitaciones».

Este cambio depende también de una transformación más profunda de nuestra sociedad y de nuestra economía: la toma de conciencia de que si un trabajador no pone toda su pasión, creatividad e inteligencia en la prestación de trabajo, las empresas de hoy no tienen futuro. Por eso se cree que pagando mucho es posible comprar a la persona, corazón, mente y pasión incluídos. Pero en esta operación se esconde una termita, un virus de nuestro sistema capitalista: la ilusión de que cuando haya desparecido la frontera entre trabajo y vida (porque el trabajo se convierta en la vida), las personas pueda seguir creciendo y madurando en el tiempo.

En realidad, las cualidades más importantes de una persona se alimentan y crecen principalmente fuera de la emrpesa. Si la empresa, comprándome, me quita la posibilidad de cultivar estas dimensiones extralaborales, lo que está haciendo en la práctica es secar el pozo del que extraigo energía, pasión y corazón, y después de algunos años puedo encontrarme totalmente vacío, inútil para la propia empresa y muchas veces inmerso en una ruina familiar y relacional. Por eso, si una empresa quiere y debe buscar lo mejor que el trabajador puede dar, debe hacer que la vida siempre esté por encima del trabajo, es decir debe proteger los espacios de gratuidad extralaborales.

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Uno de los grandes pilares de la economía de mercado, en particular del mercado de trabajo, es la idea de que la empresa no compra personas sino horas de trabajo.

por Luigino Bruni

publicado en Città Nuova n.10/2011 del 25/05/2011

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Uno de los grandes pilares de la economía de mercado, en particular del mercado de trabajo, es la idea de que la empresa no compra personas sino horas de trabajo. Por eso el “mercado” de trabajo siempre se ha considerado especial. Por una parte, el trabajo no es una mercancía pero, por otra, la prestación de trabajo está sujeta a la ley de la oferta y la demanda. De ahí la importancia que se le ha atribuido en todos los países a la mediación social (sindicatos) y política en este mercado.

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Produzco si soy persona

Produzco si soy persona

Uno de los grandes pilares de la economía de mercado, en particular del mercado de trabajo, es la idea de que la empresa no compra personas sino horas de trabajo. por Luigino Bruni publicado en Città Nuova n.10/2011 del 25/05/2011 Uno de los grandes pilares de la economía de mercado, en particular ...
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Contratos y pactos

por Luigino Bruni

publicado en Città Nuova, n.8/2011 del 25/04/2011

Taxi_rid

Hace unos días, en Milán, subí a un taxi y el taxista me preguntó: «¿Qué tal el viaje? ¿De dónde viene? ¿Cómo se encuentra?». Confieso que estas preguntas me sorprendieron porque era la primera vez que un taxista se interesaba por mí.

Este feliz episodio de la vida diaria me proporciona la ocasión para reflexionar sobre dos aspectos que tienen su importancia.

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En primer lugar, que la vida buena y la felicidad no dependen sólo de las relaciones “grandes” e importantes de nuestra existencia (familia, amigos, compañeros...), sino también de las pequeñas relaciones cotidianas, de las decenas o tal vez centenas de encuentros rápidos, muchas veces distraídos, con el empleado de la gasolinera, con el cajero o con el quiosquero. Si no llenamos de significado estos encuentros ordinarios y fugaces, nuestra jornada no terminará de llenarse de sentido, de sabor, de vida.

En los encuentros humanos (también en los encuentros con otros seres vivos) no existe la neutralidad: o nos importa el otro y buscamos su rostro, o producimos sensaciones negativas acerca de los otros en nuestro interior, a lo largo de los grandes y pequeños encuentros de la jornada. Pero ese diálogo con el taxista me ha hecho pensar en la poca amistad que hay hoy en nuestras ciudades. Es cierto que no podemos conocer a todos nuestros conciudadanos, pero una ciudad entra en crisis civil profunda cuando dejamos de sentir a los camareros, a los funcionarios o a las modistas como aliados en la construcción de la ciudad.

La vida en común es cada vez más un asunto de contratos de mercado, pero si estos contratos no se apoyan en un “pacto” social, el lazo que une nuestras ciudades se deshilacha y en seguida se rompe. Pacto significa que no podemos vivir juntos una vida decente si no nos sentimos antes que nada parte de un destino común, que nos lleva a considerar a nuestros conciudadanos (y después a todos los habitantes del planeta) como compañeros de viaje, aliados para la construcción del bien común.

Ningún contrato puede mantenerse sin pactos que le den sentido, fuerza y duración. Ese taxista me estaba diciendo que debemos encontrar juntos un nuevo pacto social que nos lleve a sentir como nuestra la suerte del otro, cualquiera que sea. Buenas razones para preguntar  «¿Qué tal el viaje?».

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Contratos y pactos

por Luigino Bruni

publicado en Città Nuova, n.8/2011 del 25/04/2011

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Hace unos días, en Milán, subí a un taxi y el taxista me preguntó: «¿Qué tal el viaje? ¿De dónde viene? ¿Cómo se encuentra?». Confieso que estas preguntas me sorprendieron porque era la primera vez que un taxista se interesaba por mí.

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¿Qué tal el viaje?

¿Qué tal el viaje?

Contratos y pactos por Luigino Bruni publicado en Città Nuova, n.8/2011 del 25/04/2011 Hace unos días, en Milán, subí a un taxi y el taxista me preguntó: «¿Qué tal el viaje? ¿De dónde viene? ¿Cómo se encuentra?». Confieso que estas preguntas me sorprendieron porque era la primera vez que un taxista...
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Hace algún tiempo que se viene discutiendo sobre el artículo 41 de la Constitución italiana, que dice: «La iniciativa económica privada es libre».

por Luigino Bruni

publicado en Città Nuova n. 6/2011 del 25/03/2011

Operaio_Bianchi_rid

Hace algún tiempo que se viene discutiendo sobre el artículo 41 de la Constitución italiana, que dice: «La iniciativa económica privada es libre. No puede ejercerse en contra de la utilidad social o de forma que produzca daño a la seguridad, la libertad y la dignidad humanas. La ley establece los programas y controles oportunos para que la actividad económica pública y privada pueda ser dirigida y coordinada hacia fines sociales».Desde distintos sectores se afirma que la tercera parte (programas y controles) es contradictoria con la primera (libertad de empresa).

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Es evidente que este artículo incorpora una tensión de valores, que es la eterna discusión entre el elogio del alma social y virtuosa de la economía y el temor por su alma más especulativa y antisocial. Dos dimensiones de la vida económica por las que atraviesan todos los partidos y la sociedad civil. Sin libre iniciativa económica, creatividad e innovación, no hay bien común y esto nos lo recuerda también la doctrina social de la Iglesia desde hace tiempo. Pero, a la vez, la última crisis, de la que todavía no hemos salido, nos demuestra que sin los adecuados “programas y controles” sociales e institucionales la iniciativa económica, esencial para una buena sociedad, se encamina hacia la especulación que produce “mal común”, sobre todo cuando nos encontramos ante los “bienes comunes”.  En otras palabras, la “mano invisible” del orden espontáneo de la economía debe estrechar la “mano visible” de las instituciones, si queremos que la economía sea amiga de la sociedad.

Lo discutible del artículo 41 es si sólo debe encargarse la ley de establecer estos programas y controles y cuáles son las instituciones de las que deben emanar esas leyes. Por una parte, las leyes nacionales y europeas cada vez son menos adecuadas para controlar y programar la iniciativa económica, porque están ancladas a una lógica territorial. Por otra parte, además de los controles legales e institucionales cada vez se hace más urgente un control, desde abajo, de la sociedad civil, de los ciudadanos, que pueden orientar la iniciativa económica hacia el bien común. Las opciones de consumo y de ahorro también son instrumentos para el ejercicio de la democracia, para una ciudadanía activa.

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Comportamientos virtuosos

por Luigino Bruni

publicado en Città Nuova n.3/2011

Reparto_maternitUn adjunto de un hospital milanés ha tenido la idea de mejorar la higiene de los sanitarios premiando con 3.000 euros al año a los enfermeros que se laven bien y con frecuencia las manos.

La higiene es un problema serio para cualquier hospital, pero se convierte en crucial en el caso de los cuidados intensivos con neonatos. Un adjunto de un hospital milanés ha tenido la idea de mejorar la higiene de los enfermeros instalando cámaras en los lavabos y premiando con 3.000 euros al año a los enfermeros que se laven las manos con frecuencia y bien (durante un minuto).  Los datos parecen darle la razón, ya que algunas enfermedades (sobre todo la sepsis) han pasado del 10% al 7%.

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Muchas veces los investigadores eligen enfermeros para realizar estudios acerca del efecto de los incentivos monetarios, puesto que en esta profesión, considerada una de las más “vocacionales”, el uso de la moneda da lugar a controversias. De hecho, cuando se introduce el dinero en comportamientos regidos por otras normas sociales, los resultados que se obtienen son ambivalentes.

Volviendo a los enfermeros de Milán, ¿cómo podría evolucionar esta historia con el tiempo? Supongamos, por ejemplo, que el año que viene el adjunto tiene que reducir o quitar el premio que obtienen los enfermeros más limpios. Los estudios y observaciones sugieren que cabría esperar una reducción de los comportamientos virtuosos, ya que los incentivos monetarios funcionan mientras duran y no alcanzan el objetivo de interiorizar las normas. Cambiando de tercio, si comenzamos a pagar a un joven por un servicio que antes realizaba gratis, a partir de ese momento ya no será posible volver a la gratuidad inicial. Otro efecto probable (spillover) será el “contagio” a otras zonas contiguas: podría ocurrir que los enfermeros pidieran incentivos monetarios por escuchar bien a sus pacientes o tal vez por sonreír a los niños.

Pero no hay que ver con recelo la introducción de cualquier tipo de incentivo monetario en trabajos “vocacionalmente sensibles” (prácticamente casi todos). El dinero puede reforzar las motivaciones intrínsecas de las personas cuando llega como un “premio”, de manera imprevista y no pactada contractualmente, como expresión de aprecio y reconocimiento por la calidad y la seriedad del trabajo. Estas serán las nuevas fronteras del trabajo, donde tendremos que juntar vocaciones y contratos, gratuidad y dinero.

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Comportamientos virtuosos

por Luigino Bruni

publicado en Città Nuova n.3/2011

Reparto_maternitUn adjunto de un hospital milanés ha tenido la idea de mejorar la higiene de los sanitarios premiando con 3.000 euros al año a los enfermeros que se laven bien y con frecuencia las manos.

La higiene es un problema serio para cualquier hospital, pero se convierte en crucial en el caso de los cuidados intensivos con neonatos. Un adjunto de un hospital milanés ha tenido la idea de mejorar la higiene de los enfermeros instalando cámaras en los lavabos y premiando con 3.000 euros al año a los enfermeros que se laven las manos con frecuencia y bien (durante un minuto).  Los datos parecen darle la razón, ya que algunas enfermedades (sobre todo la sepsis) han pasado del 10% al 7%.

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A más dinero, ¿más compromiso?

A más dinero, ¿más compromiso?

Comportamientos virtuosos por Luigino Bruni publicado en Città Nuova n.3/2011 Un adjunto de un hospital milanés ha tenido la idea de mejorar la higiene de los sanitarios premiando con 3.000 euros al año a los enfermeros que se laven bien y con frecuencia las manos. La higiene es un problema serio pa...
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Seguir buscando, seriamente y entre todos, un nuevo pacto industrial y social.

por Luigino Bruni

publicado en cittanuova.it el 17/01/2010

Fiat

Verdaderamente el mundo social, económico e industrial ha cambiado. Tal vez sea este el mensaje central que nos llega de Mirafiori, antes y después del referéndum que ha visto la victoria, con medida y con muchas sombras, del “sí”. Nos estamos dando cuenta de que la llamada globalización ha cambiado verdaderamente el mundo y esto produce efectos muy concretos y relevantes también en la vida diaria de nuestras familias. En mundo verdadera y radicalmente distinto, en el que las empresas pueden irse a fabricar a otros países del mundo (mientras que los trabajadores están más vinculados al territorio), hay que repensar verdadera y radicalmente también las relaciones sindicales e industriales.

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Los actuales derechos y deberes de los trabajadores, que los sindicatos quieren y deben proteger con razón, son fruto de una época de la historia – en Italia desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la década de los 70 del siglo XX – que se caracterizaba por dos elementos esenciales. El primero es una dura e ideológica oposición entre capital y trabajo, donde cada uno veía al otro en primer lugar como un rival y sólo después como un aliado para el bien común (en un mundo donde los trabajadores no tenían derechos esa visión era comprensible y es probable que históricamente necesaria). En segundo lugar, como consecuencia de lo anterior, las relaciones industriales se basaban sobre todo en el conflicto sindical, de donde salieron las grandes conquistas del mundo del trabajo. Pero este conflicto dependía de una premisa fundamental: cada una de las dos partes (capital y trabajo) tenía necesidad vital y esencial de la otra, por lo que la cuerda no se podía romper, ni siquiera en las más duras y enconadas luchas. Los trabajadores necesitaban a FIAT para vivir, pero también FIAT necesitaba a los trabajadores turineses (y al gobierno italiano) para poder producir y crecer.

Para comprender la situación actual de las relaciones sindicales e industriales, hay que saber que este segundo elemento, el recíproco  “conflicto – necesidad”, ha desaparecido. En especial ha dejado de ser cierto que la gran empresa tenga necesidad vital de unos trabajadores concretos (turineses o italianos), ya que , a causa de la globalización, hoy FIAT y las grandes multinacionales pueden “cortar la cuerda” y trasladarse a otro lugar, haciendo saltar la banca (tal vez incluso con incentivos europeos, como en el caso de Serbia, señal ésta que hay que tomar en serio, puesto que Europa ve hoy a los países menos desarrollados como Italia veía hace 40 años el sur del país, con la Cassa del Mezzogiorno).

Con esto quiero decir que la lucha a ultranza, además de que quizá ya no sea oportuna (hay que recordar que sobre todo en la economía actual las relaciones económicas organizativas e industriales son primero cooperativas y después, en un segundo nivel, conflictivas), hoy ha dejado de ser un instrumento eficaz. Por eso a los sindicatos se les pide hoy una nueva era de creatividad, evolución e innovación, como ocurrió en los grandes momentos fundacionales y proféticos de su gran historia.

Por otra parte, el capital, los propietarios y directivos, también debe entrar en el juego, buscando verdaderamente un nuevo pacto social. No es suficiente diseñar contratos con más vínculos y controles (sobre absentismo o huelga... ), ya que sabemos, como se ha dicho en otras ocasiones, que sobre todo la empresa moderna, hecha de innovación y de capital intelectual y relacional, necesita al trabajador-persona y no solo las prestaciones del trabajador-obrero, que pueden observarse con una tele cámara y con el marcaje de la ficha.

Los nuevos directivos de las grandes empresas (esto es muy evidente en el caso de FIAT) tienden todavía a ver el mundo del trabajo principalmente como un vínculo, como un problema, como un coste, más que como el gran recurso para el éxito de la misma empresa. Y sin aprecio, reconocimiento ni incentivos (30 euros al mes no son incentivo) el peligro es que el trabajador-persona se quede fuera de la puerta de la fábrica, donde sólo entra el trabajador-obrero.
Pero sin personas completas hoy no se puede vivir ni crecer en el mercado global. El dinero y la maquinaria no son suficientes. Si después de ganar el referéndum, FIAT no se gana la lealtad y la pasión de sus trabajadores, incluso de los que han votado “no”,  no habrá inversión que pueda relanzar la empresa, ya que también en la economía globalizada la primera inversión es siempre en las personas y en las relaciones.

Así pues, hace falta un nuevo pacto social, sin prisas, en el diálogo y en la discusión pública y no solo en una mesa, puesto que detrás de Mirafiori se esconde el futuro de las relaciones económicas y por ello cívicas de nuestro país. Un diálogo verdadero que debe abarcar también la naturaleza del capitalismo, de la que se habla poco, demasiado poco, en estos tiempos de nuevos debates encendidos sobre el sindicato y la empresa. ¿No hay hoy figuras, como Pasolini o don Milani, capaces de ver y criticar con profundidad nuestro modelo de desarrollo y de invitar a todos a una revisión seria?

Estoy convencido de que hay que volver a discutir, pública y seriamente, el destino de los beneficios y los enormes sueldos y primas de los directivos de las grandes empresas, de las administraciones públicas y de los bancos (tema que me gusta especialmente), si queremos que el diálogo sea serio y capaz de mostrar perspectivas de futuro que hoy parecen faltar en esta época de crisis, aunque haya triunfado el “sí”.

Un diálogo que en realidad, debería haber comenzado hace muchos años, sin prisas pero con la voluntad por parte de todos de escuchar lo que tienen que decir los sindicatos, entender las posturas de todos e incluirlas, en un auténtico ejercicio de democracia deliberativa todavía demasiado ausente de nuestra vida económica y cívica. Estos acuerdos, el “sí” y el “no” del referéndum, son solo el primer paso, vacilante e incierto, de un largo viaje.

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Seguir buscando, seriamente y entre todos, un nuevo pacto industrial y social.

por Luigino Bruni

publicado en cittanuova.it el 17/01/2010

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Verdaderamente el mundo social, económico e industrial ha cambiado. Tal vez sea este el mensaje central que nos llega de Mirafiori, antes y después del referéndum que ha visto la victoria, con medida y con muchas sombras, del “sí”. Nos estamos dando cuenta de que la llamada globalización ha cambiado verdaderamente el mundo y esto produce efectos muy concretos y relevantes también en la vida diaria de nuestras familias. En mundo verdadera y radicalmente distinto, en el que las empresas pueden irse a fabricar a otros países del mundo (mientras que los trabajadores están más vinculados al territorio), hay que repensar verdadera y radicalmente también las relaciones sindicales e industriales.

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FIAT. Ahora empieza...

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Incluso un sencillo agradecimiento en el bar esconde valores morales y económicos.

por Luigino Bruni

publicado en Città Nuova, nº 23/2010 el 10/12/2010

Giovani_al_Bar

Me invitan a cenar, llevo una botella de buen vino y mi anfitrión me dice: “gracias”. Tomo un café en la estación y después de pagar le digo al camarero: “gracias”. Dos “gracias” pronunciados en contexto aparentemente muy distintos: don y amistad en el primero y contrato y anonimato en el segundo. Y sin embargo usamos la misma palabra. ¿Qué tienen en común estos dos actos? Son encuentros libres entre seres humanos. El “gracias” que le decimos no solo al amigo sino también al camarero, al panadero o al cajero no es sólo fruto de la buena educación o la costumbre, es el reconocimiento de que incluso cuando no hacemos más que cumplir con nuestro deber, en el trabajo siempre hay algo más. Podríamos decir que el trabajo comienza de verdad cuando vamos más allá del deber y ponemos todo nuestro ser al preparar una comida, al apretar un tornillo o al dar una clase.

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Trabajamos de verdad cuando delante del Sr. Rossi ponemos Mario, o cuando delante del profesor Bruni ponemos Luigino. Por el contrario, cuando nos detenemos antes de dar ese paso, el trabajo humano se parece demasiado al de la máquina de café. Sin embargo, aquí se produce una paradoja: los trabajadores y los directivos de cualquier empresa saben que el trabajo es verdaderamente tal y da frutos de eficiencia y eficacia cuando excede al deber, cuando es don (como nos recuerda el estupendo último libro de N. Alter, Donner et prendre, La Découverte). Pero las empresas no consiguen, con los instrumentos que tienen a su alcance,  reconocer el “plus” del don. Cuando para reconocerlo se usan los incentivos clásicos (dinero) el “plus” se convierte en deber y desaparece. Pero cuando no se hace nada, con el tiempo el “plus” también desaparece, produciendo tristeza y cinismo en el trabajador y peores resultados para la empresa. Esta imposibilidad de reconocer el plus del trabajo es una de las razones por las que, en todos los trabajos, llega una crisis profunda, cuando nos damos cuenta de que hemos dado lo mejor de nosotros a esa organización, pero sin reciprocidad, sin sentir que se reconoce el don de la propia vida, que es siempre más grande que el valor del salario recibido. El arte de dirigir organizaciones consiste, sobre todo hoy, en inventar nuevas maneras de reconocer ese don.

 

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Incluso un sencillo agradecimiento en el bar esconde valores morales y económicos.

por Luigino Bruni

publicado en Città Nuova, nº 23/2010 el 10/12/2010

Giovani_al_Bar

Me invitan a cenar, llevo una botella de buen vino y mi anfitrión me dice: “gracias”. Tomo un café en la estación y después de pagar le digo al camarero: “gracias”. Dos “gracias” pronunciados en contexto aparentemente muy distintos: don y amistad en el primero y contrato y anonimato en el segundo. Y sin embargo usamos la misma palabra. ¿Qué tienen en común estos dos actos? Son encuentros libres entre seres humanos. El “gracias” que le decimos no solo al amigo sino también al camarero, al panadero o al cajero no es sólo fruto de la buena educación o la costumbre, es el reconocimiento de que incluso cuando no hacemos más que cumplir con nuestro deber, en el trabajo siempre hay algo más. Podríamos decir que el trabajo comienza de verdad cuando vamos más allá del deber y ponemos todo nuestro ser al preparar una comida, al apretar un tornillo o al dar una clase.

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La paradoja del “gracias”

La paradoja del “gracias”

Incluso un sencillo agradecimiento en el bar esconde valores morales y económicos. por Luigino Bruni publicado en Città Nuova, nº 23/2010 el 10/12/2010 Me invitan a cenar, llevo una botella de buen vino y mi anfitrión me dice: “gracias”. Tomo un café en la estación y después de pagar le digo al cam...
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Detrás de las alarmas de las bolsas y los mercados hay algo muy importante: una invitación, tal vez un grito, que reclama un cambio de estilo de vida.

por Luigino Bruni

publicado en: Cittanuova.it el 23/11/2010

Banca_dIrlandaLa crisis financiera de Irlanda, que sigue a la de Grecia, nos hace presente que el mundo occidental se encuentra demasiado endeudado. El año pasado hubo que salvar de la crisis a muchos bancos y empresas, con lo que las deudas se han desplazado del sector privado al sector público.

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Las grandes economías aún consiguen (¿por cuánto tiempo?) gestionar una enorme deuda pública, pero cuando la especulación financiera ataca a estados más pequeños y frágiles, pone de manifiesto un problema mucho más grave: hay demasiada deuda en circulación. El motivo es que en los últimos 40 años hemos consumido más de lo que hemos ingresado. ¿Cuáles son las razones?

Ciertamente existe una importante cuestión demográfica: en Occidente la vida media, en los últimos años, se ha alargado en unos 20 años y cada vez se tienen menos hijos. Es necesario encontrar un nuevo pacto social entre generaciones porque el modelo de “estado social” que viene de la posguerra ya no puede funcionar (una cantidad cada vez menor de jóvenes tendrá que financiar las pensiones de una cantidad cada vez mayor de ancianos). Como nos recuerda también el Papa, hay una urgente necesidad de cambiar el modelo de desarrollo y el estilo de vida de todos y cada uno de nosotros.

Me limito a plantear algunas preguntas: ¿Cuándo llegará el día en que miles de los mejores profesores del mundo opulento pasen un semestre en las frágiles universidades africanas? ¿Cuándo veremos que se realizan inversiones serias en energías renovables? ¿Cuándo decidirán las administraciones públicas comprar sólo automóviles ecológicos y de baja cilindrada? ¿Cuándo invertirán las empresas y gobiernos del mundo el 20% o el 30% de su PIB en una cooperación seria al desarrollo, que se traduzca en educación, sanidad, tecnologías avanzadas y limpias, transportes eficientes y viviendas dignas?

Si no empezamos a responder a estas preguntas en la vida diaria, en el escenario económico y social de los próximos años seguirá habiendo crisis globales. Detrás de las alarmas de las bolsas y los mercados hay algo muy importante: una invitación, tal vez un grito, que reclama un cambio de estilo de vida, en definitiva una economía de comunión.

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Detrás de las alarmas de las bolsas y los mercados hay algo muy importante: una invitación, tal vez un grito, que reclama un cambio de estilo de vida.

por Luigino Bruni

publicado en: Cittanuova.it el 23/11/2010

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¿Qué modelo de desarrollo?

¿Qué modelo de desarrollo?

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La propuesta del economista Bruni: un impuesto del 0,05% sobre las transacciones financieras para ayudar a los países en vías de desarrollo

por Sara Fornaro
publicado en cittanuova.it el 29/10/2010

wall_streetUn impuesto del 0,05% sobre las transacciones financieras especulativas para financiar proyectos de microfinanzas en los países en vías de desarrollo. Es una de las propuestas que contiene el llamamiento que Luigino Bruni, profesor de la Universidad Bicocca de Milán y vicedirector de Econometica, Centro Universitario de Investigación sobre ética empresarial, está lanzando estos días junto a los economistas Leonardo Becchetti, Gustavo Piga, Lorenzo Sacconi, Francesco Silva y Stefano Zamagni. El FIT (Impuesto sobre las Transacciones Financieras) tendría una doble ventaja: dar un mínimo de regulación al mercado financiero y recoger fondos para alcanzar los objetivos del milenio definidos por la ONU, así como para financiar bienes públicos globales. Es un proyecto que cada vez suscita mayor consenso, incluso entre los líderes de las principales potencias económicas, como por ejemplo el presidente francés Nicolas Sarkozy.

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Teniendo en cuenta la frecuencia y proporción de las transacciones especulativas, mediante el FIT se conseguiría  recaudar cada año hasta 200.000 millones de dólares. Para comprender el alcance de esta propuesta, solo hay que pensar que bastarían 30.000 millones de euros para garantizar la enseñanza primaria obligatoria en todo el mundo. «Con este impuesto sobre las transacciones financieras – puede leerse en el llamamiento –  está en juego la medida de nuestra civilización y la posibilidad de que podamos seguir dándole ese nombre ».

Profesor Bruni, ¿en qué estado se encuentra el proyecto?
«Hemos recogido muchas adhesiones del mundo académico, económico y bancario. Muchas más de las que esperábamos. Por eso nos parece que es el momento adecuado para relanzar esta propuesta, con más ponderación y menos urgencia que hace dos años. Después de la propuesta lanzada en 2001 en Génova por el Movimiento de los Focolares, gracias también a la participación de las empresas del proyecto Economía de Comunión, ahora hemos entrado en una segunda fase, con una propuesta parecida pero más compartida, extendida y articulada. Yo creo que este es el camino por el que se debe avanzar ».

¿Hay algo en programa?
«Queremos volver a presentar el manifiesto de Génova, pero diez años después, en 2011 y en Brasil, con ocasión del 20º aniversario de la Economía de Comunión, como una propuesta concreta para lanzarla a escala mundial y con mayor énfasis. Ya no se trata solo de financiar gobiernos y organizaciones no gubernamentales. Hace falta impulsar la capitalización de miles de instituciones de microfinanzas que existen en los países en vías de desarrollo y nosotros, con la red mundial de las empresas de la Economía de Comunión, podemos apoyar este proyecto. Además, queremos lanzar un gran proyecto de intercambio entre profesores de todo el mundo, porque sin una educación de calidad no se puede salir de la miseria ».

¿Puede explicarnos mejor ese proyecto de intercambio?
«Se podrían fortalecer los vínculos entre las distintas instituciones académicas, que en los países en vías de desarrollo son muy frágiles, y financiar proyectos de intercambio con profesores extranjeros que podrían pasar determinado periodo de tiempo en sus centros ».

Una de vuestras propuestas es que los títulos del Tesoro no tengan impuestos, para no gravar excesivamente a los ciudadanos.
«El ahorro de las familias no debe estar sujeto a impuestos. Nosotros proponemos que se graven las finanzas especulativas, pero no se debe demonizar a todas las finanzas en general, porque son necesarias. No podemos olvidar que quienes las inventaron fueron los franciscanos en la Edad Media. El problema no está solo en recaudar dinero, sino en gastarlo bien. Las finanzas especulativas nunca se han parado, ni siquiera durante la crisis. Nunca ha quebrado: una mínima parte de organismos ha cerrado, pero otros se han reciclado de mil maneras. Basta pensar en el reciente escándalo protagonizado por un banco salvado con fondos públicos que sigue pagando incentivos enormes a sus directivos. Siempre será así, al menos mientras no haya un cambio institucional. No hay que cerrar todo, pero si queremos que las cosas funcionen, necesitamos un sistema de reglas y controles. Como ya hemos dicho, sin finanzas no hay sociedad buena ni economía buena, pero para tener una sociedad buena y una economía buena hace falta unas finanzas buenas, que requieren regulación por parte de los gobiernos y un nuevo protagonismo cívico por parte de la gente ».

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La propuesta del economista Bruni: un impuesto del 0,05% sobre las transacciones financieras para ayudar a los países en vías de desarrollo

por Sara Fornaro
publicado en cittanuova.it el 29/10/2010

wall_streetUn impuesto del 0,05% sobre las transacciones financieras especulativas para financiar proyectos de microfinanzas en los países en vías de desarrollo. Es una de las propuestas que contiene el llamamiento que Luigino Bruni, profesor de la Universidad Bicocca de Milán y vicedirector de Econometica, Centro Universitario de Investigación sobre ética empresarial, está lanzando estos días junto a los economistas Leonardo Becchetti, Gustavo Piga, Lorenzo Sacconi, Francesco Silva y Stefano Zamagni. El FIT (Impuesto sobre las Transacciones Financieras) tendría una doble ventaja: dar un mínimo de regulación al mercado financiero y recoger fondos para alcanzar los objetivos del milenio definidos por la ONU, así como para financiar bienes públicos globales. Es un proyecto que cada vez suscita mayor consenso, incluso entre los líderes de las principales potencias económicas, como por ejemplo el presidente francés Nicolas Sarkozy.

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Una ayuda de las finanzas especulativas al microcrédito

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