¿Qué tal el viaje?

¿Qué tal el viaje?

Contratos y pactos

por Luigino Bruni

publicado en Città Nuova, n.8/2011 del 25/04/2011

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Hace unos días, en Milán, subí a un taxi y el taxista me preguntó: «¿Qué tal el viaje? ¿De dónde viene? ¿Cómo se encuentra?». Confieso que estas preguntas me sorprendieron porque era la primera vez que un taxista se interesaba por mí.

Este feliz episodio de la vida diaria me proporciona la ocasión para reflexionar sobre dos aspectos que tienen su importancia.

En primer lugar, que la vida buena y la felicidad no dependen sólo de las relaciones “grandes” e importantes de nuestra existencia (familia, amigos, compañeros...), sino también de las pequeñas relaciones cotidianas, de las decenas o tal vez centenas de encuentros rápidos, muchas veces distraídos, con el empleado de la gasolinera, con el cajero o con el quiosquero. Si no llenamos de significado estos encuentros ordinarios y fugaces, nuestra jornada no terminará de llenarse de sentido, de sabor, de vida.

En los encuentros humanos (también en los encuentros con otros seres vivos) no existe la neutralidad: o nos importa el otro y buscamos su rostro, o producimos sensaciones negativas acerca de los otros en nuestro interior, a lo largo de los grandes y pequeños encuentros de la jornada. Pero ese diálogo con el taxista me ha hecho pensar en la poca amistad que hay hoy en nuestras ciudades. Es cierto que no podemos conocer a todos nuestros conciudadanos, pero una ciudad entra en crisis civil profunda cuando dejamos de sentir a los camareros, a los funcionarios o a las modistas como aliados en la construcción de la ciudad.

La vida en común es cada vez más un asunto de contratos de mercado, pero si estos contratos no se apoyan en un “pacto” social, el lazo que une nuestras ciudades se deshilacha y en seguida se rompe. Pacto significa que no podemos vivir juntos una vida decente si no nos sentimos antes que nada parte de un destino común, que nos lleva a considerar a nuestros conciudadanos (y después a todos los habitantes del planeta) como compañeros de viaje, aliados para la construcción del bien común.

Ningún contrato puede mantenerse sin pactos que le den sentido, fuerza y duración. Ese taxista me estaba diciendo que debemos encontrar juntos un nuevo pacto social que nos lleve a sentir como nuestra la suerte del otro, cualquiera que sea. Buenas razones para preguntar  «¿Qué tal el viaje?».


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