Mujeres que siempre están

Mujeres que siempre están

Gracias a todas las mujeres que día a día mantienen en pie comunidades, familias y empresas, simplemente sabiendo “estar”, cuando todo alrededor tambalea y cae.

Luigino Bruni

publicado en Messaggero di Sant'Antonio el 03/04/2026

Desde hace ya algunas décadas la teoría económica empezó a interesarse por las dimensiones específicas de género, es decir, por el estudio de las características más importantes en la manera de actuar en la esfera económica y social de las mujeres respecto a los hombres.

Existen cursos enteros con títulos en “Gender Economics” que, basados en un creciente número de datos empíricos, se enfocan en algunas tendencias y comportamientos constantes. Por ejemplo: las mujeres (en promedio y en gran número) quieren menos la competencia que sus colegas hombres. Son, por el contrario, más capaces de cooperar, dan más importancia a los bienes relacionales y a las dimensiones afectivo-emocionales de las relaciones, una fuerza que, naturalmente, se vuelve también una mayor vulnerabilidad y una mayor dificultad para gestionar las relaciones de trabajo y, en general, las relaciones que se bloquean a menudo por resistencias emocionales. En este sentido, quisiera destacar un aspecto de la dimensión femenina que no es particularmente analizado en los estudios de ciencias sociales. Me refiero a la actitud diferente, o a la cultura diferente, que tienen las mujeres para gestionar las crisis en las comunidades, que, repito, son tendencias. Tomo en consideración particularmente a las comunidades religiosas o carismáticas, pero muchas de estas consideraciones se pueden extender también a los puestos de trabajo, a las asociaciones civiles y a la familia.

Durante estos años escribí mucho sobre las crisis en las comunidades y en las Organizaciones con Motivación Ideal (OMI), y observé a cientos de ellas lidiando con grandes procesos de cambio. Y pude ver algunos aspectos relativamente constantes. La síntesis de lo que aprendí podría formularlo de la siguiente manera: las mujeres y los hombres responden a las crisis comunitarias de manera diferente. Mientras que los hombres estamos, con frecuencia y en general, muy ocupados en analizar las razones de la crisis, en discutir diagnósticos, en hipotetizar sobre posibles terapias y en dar mucho peso a las ideas y las ideologías, dejándonos llevar mucho por los debates sobre lo que no funciona, las mujeres tienen una relación más vital y carnal con la realidad, con la vida, y se interesan más por las cosas que funcionan, aún viendo los problemas.

He visto movimientos y comunidades religiosas enteras no derrumbarse después de grandes crisis por el hecho de que algunas mujeres siguieran simplemente viviendo sus vidas, cuando alrededor todo se desplomaba. Recitando las liturgias de las horas, organizando comidas para los pobres, limpiando una habitación y un baño, cocinando, anunciando la palabra y viviendo el propio carisma. En lugar de detenerse en infinitas discusiones sobre las causas de las crisis, sobre qué se mantiene vivo del carisma, sobre las posibilidades del futuro, estaban todavía ancladas en el presente, y no permitían que la vida, justamente presente, fuese devorada por el peso del pasado y por las dudas del futuro incierto. Plantadas con los pies en la tierra, las mujeres “estaban”, sabían estar – stabat… – en largos viernes y sábados santos. Lo cual no es expresión de una menor capacidad de abstracción en las mujeres (como se creía tristemente en el pasado, incluso en la Iglesia), sino que depende de una vocación diferente a la vida y a la concreción, que para ellas hace viva y verdadera la frase tan querida por el papa Francisco: “La realidad es superior a la idea”. Para las mujeres ninguna idea es más concreta que la realidad, ni siquiera las ideas más brillantes. La mejor idea-logos es la que se hace carne. Gracias, entonces, a las mujeres que, todos los días, mantienen en pie comunidades, familias, empresas, sabiendo simplemente quedarse, cuando alrededor todo tambalea y se cae.

Credit Foto: © Fabiano Fiorin / Archivio MSA

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